¿Qué entendemos por "poder"?
El poder hacer. El poder reir. El poder caminar. El poder soñar, dormir, comer, hablar, escuchar, tocar. El poder.
La vida es poder. El tiempo es poder.
Pero Babylon utiliza otra definición, ni más cierta, ni más errada. Babylon usa el poder de la muerte, la desesperación, la ambición. Babylon educa desde ya hace mucho tiempo. Pero en éste último, llegó a su punto de mayor auge. Comprar armas, tocarlas, jugarlas, usarlas, matar.
Babylon educa. Babylon te enseña. Que vivís en peligro. Que el otro es tu enemigo, tu contrincante, tu blanco; SOS su blanco. Babylon te invita a temer del otro. No hables con extraños, no juntes nada del piso, no confies en cualquiera, cuida tu cartera, no pises tan fuerte, pero mantenete en tierra, no te parezcas a nadie, pero parecete a cualquiera.
...y todos nos sumergimos en ese mar de inseguridad. En pensar que la prole se choca con los ricos. Pero en este país, hay clase media. Que no es ni rica, ni pobre. Es media. Y como buena media, se da vuelta de un lado, y del otro.
Formazion 3: "The Power of Babylon"
Caminaba vuelta al trabajo. Después de 8 horas, salir era mi anhelo. Antes de irme a casa, me tomo un tiempo para mí. Me quería sentar bajo el sol, fumarme un cigarrillo en paz y descanzar la mente. Caminé mucho ese día. Tal vez porque no quería sentarme en cualquier lugar a fumarme cualquier pucho. Quería ESE lugar. El lugar donde mi alma se sintiera bien. MI lugar. Y la dejaba elegir. Caminaba, caminaba, buscaba. Me sentaba y me volvía a parar. "Mi alma caprichosa no encuentra su lugar."
Después de media hora, me senté por quinta o sexta vez. Mi mente no se sentía relajada como se suponía que tenía que estar cuando hayase su sitio. Pero me sentía cómoda ahí. Sola. Bajo el sol. Sin sombra. Iluminada, pero a la vez encandilada. No esperaba encontrar ninguna enseñanza de vida un día cualquiera a las 6 de la tarde.
Saqué mi atado de puchos y lo abrí. El primer cigarrillo. Lo doy vuelta. El segundo, lo saco. Juego con él un rato en la mano. No estaba muy segura que ese sea EL lugar. Pero había algo que me decía que me quedara allí un rato. Entonces, busco. Con la mirada. Sin encontrar nada. Busco y busco. No encuentro soluciones a la vista. Guardo el pucho y dejo el paquete frente a mí. Apoyada contra una pared, sentada en una plazoleta y los puchos frente a mí. Los miro. Miro el piso.
Y veo la señal típica del prohibido fumar, pero sin la prohibición. Pienso en los múltiples significados. En los tantos mensajes que querrían transmitir. ¿Por qué nos lo prohiben? Realmente, ¿una planta puede ser peor que tantos humanos que conozco?
Y ahí veo la respuesta. Sólo había que dar vuelta mi mirar. Un arma. El cigarrillo mata. Había un doble mensaje. No queremos prohibición, esta planta es mejor que el alcohol. Y el tabaco... ¡QUE SE PUDRA!
Forma ZION Creativas
